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viernes, 29 de febrero de 2008

ESCRIBIR BIEN


Con Rafael. Pude utilizar su escritorio que daba a la calle



Un capítulo del Tao Te Ching



Detalle del mismo



Antonio Machado



Un pasaje de Isaías con letra uncial insular. Me encanta esta letra.



El Padrenuestro en letra insular



Pasaje del Eclesiástico en que se ensalzan las virtudes del vino. Lo hice cuando se trató de prohibir su uso. Hay que joderse...




El Padrenuestro con un detalle




Cuando una parte importante de la educación de una persona era aprender a leer y a escribir, se nos enseñó por parte de nuestros maestros a hacer buena letra. Vimos -yo al menos- escribir en la pizarra a aquellos maestros, (D. Francisco Blanco -don Paco- en mi caso), con las piernas abiertas por la estabilidad, cómo trazaban con parsimonia los signos iguales, con espacios iguales, enlazándolos de modo primoroso. Cuando acababan, la pizarra era una obra de arte. Nosotros, en nuestros cuadernos, imitábamos sus movimientos y su modo de escribir. Al final conseguíamos resultados bastante dignos. De aquellos polvos me vienen estos lodos. He tenido una reverencial mirada para las obras pasadas, manuscritas, trabajo de monjes, de horas, de paciencia. Esas maravillosas iluminaciones... Una vez, un pequeño que vio unas cuantas letras que había escrito en un cuaderno con mi estilográfica del plumín castrado, exclamó: "¡unas letras como de ordenador!" Qué lástima...

Hace un par de años, paseando por Córdoba, encontré a un hombre calígrafo -Rafael se llamaba, normal ¿no?- Trabamos conversación. Era un tipo inventor, con recursos varios para fabricar útiles de escribir curiosos. Él practicaba la "caligrafía cordobesa". Un tipo de letra redonda con rasgos estirados en las erres, emes, enes y eses, que aligeraban un tanto la pesadez de los renglones. El conjunto era elegante y con cierta influencia de la caligrafía árabe. Me regaló unas fotocopias con el alfabeto, mayúsculas y minúsculas, y un texto romano, así como alguno de sus inventos.
En la ciudad de Córdoba la nombrada, nos tomamos un café mientras charlábamos de lo humano y de lo divino. Nos chocamos los cinco y nos despedimos. Estas letras sí que me gustan y no esas otras que tienen agarrados por los huevos a la mitad de los españoles. Mucho mejor ponle "Te quiero" con una letra preciosa, inolvidable...o si no, ya te lo escribiré yo.

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